Es el sentimiento valorativo de
nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos física, mental y
espiritualmente y que forma nuestra personalidad.
Cuando tenemos una buena
autoestima nos consideramos valiosos y competentes y no nos sentimos
vulnerables cuando necesitamos ayuda.
A partir de los cinco años los
niños comienzan a formarse un concepto de cómo los ven sus mayores (padres,
maestros, etc.) y sus pares (compañeros y amigos) y por lo tanto su desarrollo está vinculado, entre otras cosas, a los
valores sociales; mientras más significativa sea para él una persona, mayor
valor tendrá su opinión y mayor será la influencia en la percepción que se va
formando de sí mismo.
En la conformación de la
autoestima influyen factores de diversos tipos, tales como los personales (la
imagen corporal, las habilidades físicas e intelectuales), las personas
significativas como los padres, hermanos, profesores o los amigos, y los
factores sociales como los valores, la cultura, las creencias, etc. Por ejemplo, si la honestidad, la
buena apariencia física y las habilidades para los deportes son bien admitidos en un grupo y el niño los posee, entonces se le facilitará una
buena autoestima, aunque también es importante para él la crítica y la
consideración que reciba de los adultos, sobre todo de los más cercanos a
ellos.
Los padres deben estar atentos a
ciertos comportamientos para saber de que manera apoyar a sus hijos.
Indicadores de una adecuada autoestima.
- Acepta con facilidad y se enfrenta a nuevos retos, aprendizajes y actividades.
- Se responsabiliza de sus propios actos.
- Confía en sí mismo y en sus capacidades.
- Muestra una actitud cooperadora.
- Tiene una buena autocrítica y aprende de sus errores.
Indicadores de una baja autoestima.
- Evade tareas o actividades, ya sean físicas, intelectuales o sociales, por miedo a fracasar.
- Miente con frecuencia y culpa a otros.
- No confía en sí mismo y, por lo tanto, cree que no tiene control de las situaciones que se le presentan.
- Puede ser agresivo o excesivamente tímido.
- Tiene baja tolerancia a la frustración.
Lo que los padres pueden hacer para fomentar la autoestima en sus hijos.
Elogie a sus niños. Hágalo de forma específica y con sinceridad, ya
que de otra forma, los elogios tendrán un efecto negativo. Concéntrense en los
aspectos positivos que tengan los niños más que en los negativos. Las críticas
severas y el rechazo disminuyen la autoestima.
Trate a sus hijos con respeto. Los niños merecen el mismo respeto
que sus padres exigen de ellos. Poner cuidado en lo que le dicen a sus hijos y
en cómo lo dicen es muy importante, por ejemplo, pedir las cosas con un “por
favor” y recibirlas con un “gracias”, de la misma forma que ustedes esperan que
sus hijos lo hagan.
No exija perfección. Para los niños es importante saber que sus
padres los aman y aceptan tal y como son, esto les ayuda a sentirse seguros de
si mismos y a desarrollar una imagen positiva. Recuerde, nadie es perfecto.
Escuche a sus hijos. Hágalos sentir que sus preguntas y opiniones
también son importantes. Escuchen y respondan a sus peguntas lo más claramente
posible, así mismo, reconozcan cuando no sepan la respuesta, averígüenla
juntos.
Favorezcan que sus hijos tomen decisiones por sí mismos. La toma de
decisiones es una habilidad muy importante que debemos poseer desde pequeños.
Cuando el niños toma una decisión, es importante que los padres le exijan que
la haga cumplir y que se enfrente a las consecuencias de ésta.
Algunos juegos ayudan a que los
niños adquieran esta habilidad, como por ejemplo los juegos donde el niños
tiene que hacer una estrategia para lograr su objetivo.
Denles responsabilidades. Las responsabilidades hacen saber a los
niños que sus padres confían en ellos y en sus capacidades, además de que los
hace madurar.
Fomente sus intereses y habilidades. Permitan que participen en
actividades que además de divertidas sean de su interés y en las que puedan
sobresalir.
Evite la sobreprotección |
Cero sobreprotección.
Es cierto que ningún padre desea
ver a sus hijos fracasar, pero es muy importante que los niños aprendan que todos fracasamos en más de una
ocasión. Sobreprotegerlos, solucionarles sus problemas y quitarles todas las
piedras del camino, lejos de ayudarlos, los hará inseguros, intolerantes a la frustración
y dependientes de otros.
Eviten actitudes de culpabilidad. De nada sirve inculpar a alguien por algo que ya está hecho.
Es suficiente con señalarle el error y animarlo a que no lo vuelva a cometer.
No los corrijan enfrente de los demás.
No les exijan cosas que aun no es capaz de hacer. Es importante tener en cuenta la edad del niño y el nivel de desarrollo de sus capacidades.
Encáucelos cuando se enfrente a algún obstáculo. Sólo proporcione
información verbal, de esta manera evitará caer en la sobreprotección.
Motívenlos a actuar por su
cuenta y a aceptar los riesgos que esto conlleva. Los niños deben aprender que los fracasos,
si bien no son positivos, tampoco
son una tragedia. Lo mejor será analizar el fracaso para corregirlo en el
futuro.
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