martes, 26 de marzo de 2013

Bullying



Bullying es una palabra que proviene del vocablo holandés y que significa acoso.
La palabra bullying describe un cierto tipo de trato entre personas: acosar, molestar, hostigar, obstaculizar o agredir físicamente a alguien.
Es un continuo y deliberado maltrato verbal y modal que recibe un niño o un joven por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con el objetivo de someterle, arrinconarle, amenazarle, intimidarle u obtener algo de la víctima.

En ésta conducta participan:
• El agresor
• La víctima y
• Los observadores

El agresor. 
Suelen ser niños o jóvenes fuertes físicamente, impulsivos, dominantes, con conductas antisociales y poco empáticos con sus víctimas.
Se pueden distinguir tres tipos de acosadores:
Acosador intelectual: Es aquel que con buenas habilidades sociales y popularidad en el grupo, es capaz de organizar o manipular a otros para que cumplan sus órdenes
Acosador poco inteligente: Es aquel que manifiesta un comportamiento antisocial y que intimida y acosa a otros directamente, a veces como reflejo de su falta de autoestima y de confianza en sí mismo.
Acosador victima: Es aquel que acosa a compañeros más jóvenes que él y es a la vez acosado por chicos mayores o incluso es víctima en su propia casa.

La víctima.
Suelen ser niños o jóvenes tímidos e inseguros, que mantienen una excesiva protección de los padres, son menos fuertes físicamente.
Existen dos tipos de víctima:
Víctima pasiva: Suele ser débil físicamente e insegura, por lo que resulta un objetivo fácil para el acosador. Otras características de las víctimas pasivas serían: escasa autoestima, ausencia de amigos, depresión; sin embargo, algunos de estos rasgos podrían ser consecuencia del acoso.
 Víctima provocadora: Suele tener un comportamiento molesto e irritante para los demás . En ocasiones, sus iguales les provocan para que reaccionen de manera inapropiada, por lo que el acoso posterior que sufren podría llegar a parecer “justificado”.


El bullying esta presente en casi cualquier lugar, no es exclusivo de algún sector de la sociedad o respecto al sexo, aunque en el perfil del agresor sí se aprecia predominancia en los varones. Tampoco existen diferencias en lo que respecta a las víctimas.
Por lo general, el agresor acosa a la víctima cuando esta solo: en los baños, en los pasillos, en el comedor, en el patio. Por esta razón los maestros muchas veces ni se dan por enterados. 
Sin embargo, no se trata de un simple empujón o comentario, se trata de una situación que si no se detiene a tiempo puede provocar severos daños emocionales a la victima.
Esta práctica que se vuelve  cada vez más frecuente en los niveles de educación básica y en preparatorias públicas o privadas de México, y, desgraciadamente, también se está adaptando a la tecnología dando como resultado el cyber bullying, es decir, el acoso a través de internet específicamente en páginas web, blogs, correos electrónicos o redes sociales.



Tipos de Bullying

Sexual: Es cuando se presenta un asedio, inducción o abuso sexual.
Exclusión social: Cuando se ignora, se aísla y se excluye al otro.
Verbal: Insultos y menosprecios en público para poner en evidencia al débil.
Psicológico: En este caso existe una persecución, intimidación, tiranía, chantaje, manipulación y amenazas al otro.
Físico: Hay golpes, empujones o se organiza una paliza al acosado.

Causas del bullying.

Personales: Un niño que actúa de manera agresiva sufre intimidaciones o algún tipo de abuso en la escuela o en la familia. Adquiere esta conducta cuando es frecuentemente humillado por los adultos. Se siente superior, ya sea porque cuenta con el apoyo de otros atacantes o porque el acosado es un niño con muy poca capacidad de responder a las agresiones.

Familiares: El niño puede tener actitudes agresivas como una forma de expresar su sentir ante un entorno familiar poco afectivo, donde existen situaciones de ausencia de algún padre, divorcio, violencia, abuso o humillación ejercida por los padres y hermanos mayores; tal vez porque es un niño que posiblemente vive bajo constante presión para que tenga éxito en sus actividades o por el contrario es un niño sumamente mimado.
Cuando los niños están expuestos a la violencia familiar, pueden aprender a ver el mundo como si sólo existieran dos papeles: agresor y agredido. Por ello, pueden ver la violencia como la única alternativa a verse convertido en víctima.


Una situación de maltrato del niño por parte de los padres contribuye a deteriorar la interacción familiar y el comportamiento del niño en otros entornos:
  • Disminuye la posibilidad de establecer relaciones positivas.
  • Se repite crónicamente, haciéndose más grave.
  • Se extiende a las diversas relaciones que los miembros de la familia mantienen.
Todas estas situaciones pueden generar un comportamiento agresivo en los niños y llevarles a la violencia cuando sean adolescentes.

En la escuela: Cuanto más grande es la escuela, hay mayor riesgo de que haya acoso escolar (sobre todo si a este factor se le suma la falta de control físico, vigilancia y respeto), humillación, amenazas o la exclusión entre personal docente y alumnos.
Por otro lado los nuevos modelos educativos a que son expuestos los niños como la ligereza con que se tratan y ponen en practica los valores, la ausencia de límites y reglas de convivencia, han influenciado para que este tipo de comportamiento se presenten con mayor frecuencia.


Medios de comunicación: Los medios de comunicación, sobre todo la televisión, nos exponen continuamente a la violencia, tanto real (noticieros) como ficticia (películas, series, dibujos animados, etc.). Los comportamientos que los niños observan en televisión influyen en su conducta. La repetida exposición a la violencia puede producir cierta habituación en los niños, con el riesgo de llegar a considerarla como algo normal e inevitable, haciendo que no muestren ninguna empatía con las víctimas. Y lo mismo sucede con los videojuegos, en los que el jugador  debe acumular puntos por disparar, matar, golpear, destruir, etc.


 

Consecuencias del bullying.


Consecuencias para el o los agresores

Pueden convertirse posteriormente en delincuentes ya que la persona se siente frustrada porque se le dificulta la convivencia con los demás, cree que ningún esfuerzo que realice vale la pena para crear relaciones positivas con sus compañeros.


Consecuencias para la víctima

Principalmente una baja autoestima, actitudes pasivas, pérdida de interés por los estudios (lo que puede llevar a una situación de fracaso escolar), trastornos emocionales, problemas psicosomáticos, depresión, ansiedad, pensamientos suicidas pues lamentablemente algunos chicos, para no tener que soportar más esa situación, se quitan la vida.

Cómo se comporta el agresor y la víctima


Quienes ejercen el bullying lo hace para imponer su poder sobre el otro logrando con ello tenerlo bajo su completo dominio a lo largo de meses e incluso años.
El niño o varios de ellos, comúnmente en grupo, constantemente tienen actitudes agresivas y amenazantes sin motivo alguno contra otro u otros niños.
Es o son provocativos, cualquier cosa es para ellos motivo de burlas.
Su forma de resolver conflictos es por medio de la agresión.
No es nada empático, es decir, no se pone en el lugar del otro.


Por otra parte, las víctimas son comúnmente niños tímidos y poco sociables. Ante un acoso constante, lógicamente se sienten angustiados, tensos y con mucho miedo a tal grado que en algunos casos puede llevarlo a consecuencias devastadoras, como ya se mencionó anteriormente.
El niño o adolescente se muestra agresivo con sus padres o maestros.
Comienzan a poner pretextos y diversos argumentos para no asistir a clases, ni participar en actividades de la escuela.
Se presenta un bajo rendimiento escolar.
La víctima comienza a perder bienes materiales sin justificación alguna, o piden más dinero para cubrir chantajes del agresor.
En los casos más severos presentan moretones o agresiones evidentes en la cara y el cuerpo.


Como deben actuar los padres ante un hijo acosador.

  • Tienes y debes acercarte a tu hijo, platica con él.
  • Relaciónate más con los amigos de tu hijo y observa qué actividades realizan.
  • Una vez que hallas creado un clima de comunicación y confianza con tu hijo, pregúntale el porque de su conducta.
  • Si comprobaste que tu hijo es un acosador, no ignores la situación porque seguramente se agravará, calmadamente busca la forma de ayudarlo.
  • Jamás debes usar la violencia para reparar el problema. Violencia genera más violencia, y ¿donde esta la solución?. Tampoco culpes a los demás por la mala conducta de tu hijo.
  • Nunca dejes de demostrarle amor a tu hijo, pero también debes hacerle saber que no permitirás esas conductas agresivas e intimidatorios, deja muy claro además las medidas que se tomarán a causa de su comportamiento y en caso de que continúe de esa manera.
Cuando se detecta un caso de bullying, los padres del niño deben trabajar conjuntamente con la escuela para resolver el problema de una forma inmediata. Habla con los profesores, pídeles ayuda y escucha todas las críticas que te den sobre tu hijo. Mantente informado de como la escuela esta tratando dicho caso y los resultados que se están obteniendo.
A través de la comunicación con tu hijo podrás darte cuenta de sus gustos y aficiones, canaliza su conducta agresiva por ese lado; si por ejemplo le gusta el fútbol inscríbelo en un club deportivo, si le gusta tocar algún instrumento llévalo para que tome clases.
Crea un ambiente en tu hogar donde el chico se sienta con la confianza de manifestar sus insatisfacciones y frustraciones sin agredir. Enséñale buenos modales.
Debes enseñarle a tu hijo a reconocer sus errores y a pedir disculpas a quienes les halla hecho daño, elogia esa buenas acciones.

Qué hacer si mi hijo es la víctima.


  • Investiga minuciosamente lo que está ocurriendo, platica con sus compañeros más cercanos, maestros, amigos y familiares.
  • Platica con tu hijo y hazle sentir que puede confiar en ti, así él se sentirá cómodo al hablar contigo acerca de todo lo bueno y lo malo que esté viviendo.
  • Hablen del tema. Escucha a tu hijo, deja que se desahogue.
  • Si efectivamente comprobaste que lo están acosando, mantén la calma y no demuestres preocupación, el niño tiene que ver en tu rostro determinación y positivismo.
  • Comprométete a ayudar a tu hijo, y muy importante, hazle saber que él no es el culpable de esta situación.
  • No trates de resolver el problema diciéndole a tu hijo que se defienda y tome venganza, esto empeoraría más la situación, es mejor que discutan como pueden responder asertivamente a los acosadores y practica respuestas con tu hijo.
  •  Debes ponerte en contacto con el maestro de tu hijo y con la dirección de la escuela para ponerlos al tanto de lo que esta ocurriendo, pídeles su cooperación en la resolución de los hechos.
  • En caso de que el acoso continúe, solicita ayuda legal.
  • Si tu hijo se encuentra muy dañado emocionalmente por toda esta situación, busca la accesoria de un psicólogo para ayudarle a que supere este trauma. Pero jamás te olvides que la mejor ayuda, en esos casos, es la de su familia.

Qué deben hacer los maestros.

  • Identificar a la víctima y al agresor.
  • Si ha detectado a la víctima verifique preguntando a su padres si el niño presenta dificultad para conciliar el sueño, dolores en el estómago, el pecho, de cabeza, náuseas y vómitos, llanto constante, etc. Si es necesario investigue y observe más al niño.
  • Siga al niño a una distancia prudente a lo lugares donde comúnmente esta sin vigilancia, seguramente se encontrará con el chico que lo esta acosando.
  • En las paredes de los baños o las puertas de éstos, los niños suelen escribir burlas y agresiones, revíselas.
  • Platique con los compañeros más cercanos de los niños (tanto del acosador como de la víctima), pueden darle información valiosa.
  • Tenga consciencia de que tanto el agresor como la victima sufren, y por lo tanto necesitan ser atendidos y tratados.

Como prevenir el bullying

En la familia
La familia es la principal fuente de amor y educación de los niños; a partir de ella el niño aprende a socializarse basado en lo valores, normas y comportamientos enseñados en casa; evitemos que nuestro hogar se convierta en un escenario hostil o por el contrario demasiado permisivo, tenga por seguro que esto siempre llevará a que los niños adquieran conductas agresivas.
Otro papel de la familia es estar informada constantemente, hay cursos en donde se orienta a los padres sobre como mantener alejados a sus hijos del bullying; éstos se basan normalmente en el amor y la comunicación entre padres e hijos, la observación para detectar inmediatamente cualquier conducta anormal en el chico, estar al pendiente de las actividades de su hijo, la existencia de límites y normas, así como el vigilar que se cumplan.
Estos cursos le dan atención especial a la inteligencia emocional, es decir enseñan a los padres como ayudarle a sus hijos a controlar sus emociones y comportamientos hacia los demás de tal manera que puedan convivir sanamente.

En la escuela

  • La disciplina que se mantenga en el salón y la escuela en general es fundamental para la construcción de una buena conducta.
  • Es importante la supervisión de los alumnos dentro y fuera de los salones, en los patios, baños, comedores, etc.
  • Establecer claramente las reglas de la escuela y las acciones que se tomarán en conductas como el bullying.
  • Actuar rápido, directa y contundentemente en el caso de que se presente alguna sospecha de acoso escolar.
  • La escuela debe estar abierta a las quejas y sugerencias del alumnado y padres de familia, se sugiere la colocación de un buzón.
  • Realizar cursos o conferencias para padres y maestros donde se puedas tratar temas como el bullying.
  • Adicionar o reforzar el tema de educación en los valores en el curso de los estudiantes.
  • Los maestros pueden apoyarse en los alumnos para identificar casos de acoso, deben ser muy inteligentes y saber quien puede darles información valiosa.


Decálogo educativo antiviolencia.

  1. Adaptar la educación a los cambios sociales, desarrollando la intervención a diferentes niveles y estableciendo nuevos esquemas de colaboración, con la participación de las familias y la administración.
  2. Mejorar la calidad del vínculo entre profesores y alumnos, mediante la emisión de una imagen del educador como modelo de referencia y ayudar a los chicos a que desarrollen proyectos académicos gracias al esfuerzo.
  3. Desarrollar opciones a la violencia.
  4. Ayudar a romper con la tendencia a la reproducción de la violencia.
  5. Condenar, y enseñar a condenar, toda forma de violencia.
  6. Prevenir ser víctimas. Ayudar a que los chicos no se sientan víctimas.
  7. Desarrollar la empatía y los Derechos Humanos.
  8. Prevenir la intolerancia, el sexismo, la xenofobia. Salvaguardar las minorías étnicas y a los niños que no se ajustan a los patrones de sexo preconcebidos.
  9. Romper la conspiración del silencio. No mirar hacia otro lado, hay que afrontar el problema y ayudar a víctimas y agresores.
  10. Educar en la ciudadanía democrática y predicar con el ejemplo.
¡Basta de bullying!

martes, 2 de octubre de 2012

Disfrutando los momentos de ocio.


Actualmente, el exceso de actividad está sobrevalorado, más aun en una sociedad como la nuestra, pues se tiene la creencia de que "estar muy ocupado" o "tener mucho trabajo" es sinónimo de "tener éxito".



Y lo mismo sucede con los niños. 

Los padres están empeñados en llenar su tiempo con más y más actividades para que "se desarrollen favorablemente". Es cierto que practicar un deporte o aprender a tocar un instrumento musical es benéfico para los niños, pero en realidad los están privando de algo que puede ser muy valioso para ellos: el placer de tomarse un tiempo sin hacer nada.  


Para empezar, los horarios de las escuelas preescolares y primarias ya tienen más horas de clase que las que puede tener un universitario; a eso agreguen las tareas, las clases extracurriculares (natación, karate, danza, piano, etc.), y ni hablar del fin de semana, muchos padres se "surten" de todo tipo de cosas para tener "entretenidos" a sus hijos (libros con actividades y para colorear, juegos de mesa,...) ¿y al final del ciclo escolar? los inscriben a campamentos, cursos de verano, talleres, etc. para que "no estén en casa sin hacer nada".

Hasta parece que el tiempo libre es peligroso, no vaya a ser que se cumpla aquello de que "la ociosidad es la madre de todos los vicios", de hecho, hay padres que, si  ven a su hijo tranquilamente  en algún  rincon de casa, lo regañan con el clásico "¿Qué haces ahí sentado sin hacer nada?". Y lo mismo pasa con la televisión. Ciertamente, es muy recomendable e importante que los padres estén atentos al contenido de los programas que ven sus hijos, pero en muchos casos caen en la exageración de  prohibirles que vean programas o dibujos animados que no sean de corte "educativo" y/o "cultural". Seamos sinceros, la verdad es que no siempre estamos de humor para pensar,  reflexionar o hacer un análisis del programa, solo deseamos divertirnos y pasar un rato agradable.

Un buen rato de "pereza" nos permite recuperar nuestra energía, conocernos a nosotros mismos, disfrutarnos y disfrutar la vida. Sin embargo, los niños están tan acostumbrados a una vida frenética, que por desgracia no soportan la inactividad y es frecuente escucharlos decir a sus padres "¡estoy aburrido!", lo cual es motivo de alarma para muchos padres.

Den a sus hijos las herramientas para manejar el aburrimiento, tiempo y espacio suficientes para encontrar por sí mismos una ocupación, la que les guste a ellos, sin obligarlos ni presionarlos, ya que de eso se trata el tiempo libre, de disfrutar el momento; o simplemente para no hacer nada, para pensar o no pensar, para imaginar o para seguir el vuelo de la mosca que pasó o la fila de hormigas que marcha por el  jardín.









Denles tiempo para disfrutar, de vez en cuando, del placer de no hacer nada, no críen una generación que espera que siempre la entretengan.


domingo, 23 de septiembre de 2012

El saludo.






Es común que los niños se sientan abrumados cuando conocen gente nueva, ya sea un pariente lejano o un amigo de sus padres.
A los padres les preocupa que sus hijos se comporten educadamente y se sienten apenados si el niño se esconde detrás de ellos cuando un adulto trata de saludarlos.





¿Qué hacer? 

Para empezar, quítense de la cabeza que saludar implica besar o abrazar, pues para los niños 
acercarse a besar a alguien que no conocen puede resultar muy incomodo (aunque sea la simpática tía Chonita a la que no hemos visto en años). 

Esta es una lección de vida que no debería fingirse solo por el deseo de los padres de quedar bien con esa persona.









Hablen con sus hijos y háganles ver que saludar es una regla de cortesía y que es importante que lo hagan al llegar a algún sitio o al recibir visitas, pero que pueden hacerlo de diferentes formas: diciendo "hola", estrechando la mano o dando un beso; de la forma en que ellos se sientan cómodos, estará bien.


También háganles saber que comprenden que a veces les cuesta trabajo conocer gente nueva o ver a personas que no recuerdan, pero que ustedes  confían en que la próxima vez se comportarán más adecuadamente.







De ser posible, preparen a sus hijos cuando sepan que se encontrarán con alguien que no conocen o no recuerdan, platíquenles  acerca de ésta persona y pónganse de acuerdo con ellos sobre la manera en que desean saludarla: de mano, con un beso, o simplemente diciendo ¡Hola!




jueves, 20 de septiembre de 2012

La importancia de los cuentos.



 ¿Quién no recuerda los cuentos de sus infancia? Esos cuentos que alimentaron nuestra imaginación y que incluso fueron parte de nuestra formación  como personas. Sí,  por que los cuentos no solo sirven para entretener, y en estos tiempos en los que los niños parecen haber perdido la inocencia, los cuentos pueden devolverles la posibilidad de vivir una infancia autentica tan necesaria para su adecuado desarrollo personal.

 A algunos padres a veces les preocupa la crueldad de algunos personajes en los cuentos, pero no debe ser así, pues los niños no perciben la crueldad de la misma manera que nosotros los adultos, ya que no la racionalizan comparándola con la realidad, pues para ellos es solo un cuento. La realidad de los cuentos tiene un significado simbólico, hablan de una experiencia interior y no del mundo real. 

Las historias y los cuentos ayudan a los niños a canalizar emociones y sentimientos y, además, sus personajes son útiles para asignar una imagen a lo que el niño teme o le causa angustia. Las versiones "rosas" de algunos cuentos clásicos solo consiguen que al niño le cueste trabajo enfrentarse a la realidad que en nada se parece a estas versiones modificadas o "endulzadas" (tal es el caso de las películas de dibujos animados que están basadas en algunos cuentos clásicos).




Los cuentos dan respuestas, ofrecen opciones para superar algunos conflictos y para la mente de los niños, son  como espejos en los que reflejan sus dudas acerca de la vida real, por ejemplo, actualmente hay historias que ayudan a la comprensión de realidades propias de cada etapa del  desarrollo infantil, como la sexualidad, la llegada del nuevo hermanito, los cambios de su cuerpo, etc. dichas historias facilitan a los padres la tarea de abordar estos temas con sus hijos.

Por si fuera poco, la lectura  o narración de cuentos estimula ciertas habilidades como el manejo del tiempo, la organización de hechos en una secuencia coherente, la capacidad de análisis, la comprensión de lectura, la atención y la concentración,  etc. Estas habilidades ayudan al adecuado aprovechamiento escolar gracias al aprendizaje de la comprensión y la deducción. 

Sin importar si el cuento tiene un final feliz o no, el niño lo necesita para corroborar que los "buenos" y los "justos" siempre ganan y para aprender valores éticos, ya que su mente empieza a adaptarse a la incoherencia del mundo real donde, por desgracia,  no siempre es así. Por otro lado, los personajes "todopoderosos" como las brujas, hadas, hechiceros, etc.) juegan con el deseo del niño de realizar cosas increíbles y lo ayudan en su necesidad de comprender lo que a sus ojos es tan misterioso.

Y aun más, leer cuentos provoca anclajes positivos en la mente del niño, es decir, las buenas sensaciones de los momentos de lectura junto a sus padres serán recuperados más tarde como el recuerdo de una hermosa experiencia; por lo que la lectura en familia fortalece también el vínculo afectivo y, por lo tanto, la autoestima del niño se ve favorecida.

Los cuentos ayudan a los niños a dejarse llevar por la imaginación, lo cual es muy importante ya que ellos necesitan fantasear mientras aun son niños. Los cuentos posibilitan que los pequeños completen una parte muy importante y necesaria para su desarrollo, como niños que un día serán adultos.


Leer o contarles cuentos e historias también es una forma de expresar el amor de los padres hacia sus hijos.     

Jugando con los cuentos.

Los padres pueden realizar varias actividades con sus hijos después de haberles leído el cuento:

Completar la historia. Pueden contarle la mayor parte del cuento y después invitar al niño a que el termine el resto o que proponga un final. Con esto el niño verá que su opinión e ideas son importantes y tomadas en cuenta y que puede expresar sus preferencias.

Hacer representaciones. Jueguen a representar algunas partes del cuento o a imitar lo que hacen los personajes que más les gustaron. 

Cambiar el cuento.  Después de narrarle la historia, pregúntele que cosas le gustaría cambiar o que cosas quitaría. Con esto, el niño podrá expresar sus sentimientos, su sensibilidad, lo que le asusta, lo que le angustia, etc. y a ustedes como padres les permitirá conocer más a fondo a su hijo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Mejorando la comunicación con los hijos.



La comunicación  es algo más  que solo palabras. No es nada más lo que decimos, sino la forma en que lo decimos ya que también nos comunicamos a través de miradas, sonrisas, gestos, e incluso con el silencio.

La comunicación es un elemento clave  en el sano crecimiento de los niños, pues los ayuda a desarrollar la confianza en sí mismos y a afirmar sus relaciones con los demás; además de que favorece que lleguen a ser adultos con buenos sentimientos de sí mismos y capaces de comunicarse positivamente con los demás.
Una buena comunicación conduce a relaciones cálidas, cooperación y a una adecuada autoestima; por el contrario, una pobre comunicación  lleva a relaciones frustrantes, a conflictos y a sentimientos de inutilidad.

Por lo general, los padres tratan de mantener una buena comunicación cuando les dan instrucciones o les advierten de algún peligro a sus hijos; sin embargo, en ocasiones la comunicación se puede ver afectada cuando los sentimientos están involucrados.
Pero ¿qué sucede cuando las palabras, las ideas y los sentimientos llegan a los oídos de los niños? ¿Cómo interpretan lo que escuchan de sus padres, especialmente los más pequeños? 
Para lograr una adecuada comunicación con los niños, las siguientes tácticas pueden serles de utilidad, úsenlas tomando en cuenta  sus propias experiencias y el conocimiento que tiene de sus hijos:

Aceptación.

Si un niño se siente y se sabe aceptado tal cual es, se siente bien consigo mismo y en consecuencia se llevará mejor con los demás. Esto hace más fácil conversar con ellos y que nos compartan sus sentimientos y problemas. No obstante, debemos tener en cuenta que aceptar al niño no implica que lo aprobemos cuando presenta conductas negativas.
Un ejemplo de aceptación puede ser que cuando el niño tiene miedo a la oscuridad  le demos la opción de dejar una lamparilla encendida, en lugar de enojarnos con él o regañarlo.

Abriendo puertas.

Esto no es más que hacerle una invitación al niño a que nos diga más, con lo que le damos a entender que realmente lo estamos escuchando y, por lo tanto,  dándole importancia y respeto.

Escuchar con atención.

Si es posible, suspenda un momento lo que está llevando a cabo en ese momento para escuchar lo que su hijo tiene que decir. Si realmente está muy ocupado, dígale que lo hablaran más tarde (y en verdad hágalo), pero nunca finja que lo está escuchando.

“Mensajes tú”.

Con estos mensajes pueden describir los sentimientos del niño y darle la pauta de que los exprese más abiertamente:
“tú estas molesto porque perdieron el partido”
“Tú estas triste porque la abuela no vino a casa”
Cuando los niños pueden expresar libremente sus sentimientos negativos, éstos parecen desaparecer de inmediato.

Diga “haz”.

Esto significa que traten de decirles  “que hacer” en lugar de  decirles “que no hacer”. Por ejemplo, “Guarda tu suéter” en lugar de “¡No arrastres el suéter!”; “Cierra con cuidado la puerta” en vez de “¡No azotes la puerta!”.

Hable “con ellos” en lugar de hablarles “a ellos”.

Hablar “con” implica que escucharemos también lo que el niño tiene que decir, de otra forma, hablar “a” resultaría una conversación unilateral como cuando le dan alguna instrucción para que él la siga y ya.

Usando “mensajes yo”. 

Estos no son más que declaraciones de hecho acerca de  la persona que habla. A través de ellos se puede transmitir al niño creencias y sentimientos, es decir, le dicen al niño como se siente el que habla a causa de su conducta, y  le dan la pauta para responsabilizarse  de sus acciones y de hacer algo al respecto. Por ejemplo,  en lugar de decir al niño algo como “mira que desorden hiciste”, expresar algo como “en este momento necesito ayuda para recoger esto”. Sin embargo, no es recomendable usar  “mensajes yo”  para expresar enojo.

Asegúrense de que los están escuchando. 

A veces los niños se concentran mucho en sus juegos y actividades, por lo que, antes de empezar a hablarle, llámeles por su nombre y una vez que tenga la atención de los niños comience a hablarles.

Denles instrucciones sencillas y claras. 

Especialmente a los más pequeños pues se les dificulta recordar toda una serie de ordenes.

Usen un tono de voz adecuado. 

El tono de voz debe estar acorde con el mensaje que van a transmitirle a los niños, especialmente si se trata de cosas importantes. Hablen con firmeza y denle a los niños la razón de lo que están pidiéndole, por ejemplo, “Ponte el suéter, así estaremos listos para salir”

Háblenles a los ojos. 

La comunicación mejora si hay contacto visual, por lo que será necesario que se inclinen para estar al nivel de los ojos del niño. ¿Se han puesto a pensar cómo los miran sus hijos? Ellos tienen que echar la cabeza atrás para poder mirarlos a los ojos, lo que les resulta incomodo. 

Hablen con cortesía. 

Es el primer paso para que un niño aprenda a ser cortés.

Hablen con gentileza.

Con palabras amables obtendrán resultados muy positivos: los niños se comportan mejor, y tratan de poner más empeño en lo que hacen. Además, las palabras amables comunican amor y respeto. 



 
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