miércoles, 5 de septiembre de 2012

Mejorando la comunicación con los hijos.



La comunicación  es algo más  que solo palabras. No es nada más lo que decimos, sino la forma en que lo decimos ya que también nos comunicamos a través de miradas, sonrisas, gestos, e incluso con el silencio.

La comunicación es un elemento clave  en el sano crecimiento de los niños, pues los ayuda a desarrollar la confianza en sí mismos y a afirmar sus relaciones con los demás; además de que favorece que lleguen a ser adultos con buenos sentimientos de sí mismos y capaces de comunicarse positivamente con los demás.
Una buena comunicación conduce a relaciones cálidas, cooperación y a una adecuada autoestima; por el contrario, una pobre comunicación  lleva a relaciones frustrantes, a conflictos y a sentimientos de inutilidad.

Por lo general, los padres tratan de mantener una buena comunicación cuando les dan instrucciones o les advierten de algún peligro a sus hijos; sin embargo, en ocasiones la comunicación se puede ver afectada cuando los sentimientos están involucrados.
Pero ¿qué sucede cuando las palabras, las ideas y los sentimientos llegan a los oídos de los niños? ¿Cómo interpretan lo que escuchan de sus padres, especialmente los más pequeños? 
Para lograr una adecuada comunicación con los niños, las siguientes tácticas pueden serles de utilidad, úsenlas tomando en cuenta  sus propias experiencias y el conocimiento que tiene de sus hijos:

Aceptación.

Si un niño se siente y se sabe aceptado tal cual es, se siente bien consigo mismo y en consecuencia se llevará mejor con los demás. Esto hace más fácil conversar con ellos y que nos compartan sus sentimientos y problemas. No obstante, debemos tener en cuenta que aceptar al niño no implica que lo aprobemos cuando presenta conductas negativas.
Un ejemplo de aceptación puede ser que cuando el niño tiene miedo a la oscuridad  le demos la opción de dejar una lamparilla encendida, en lugar de enojarnos con él o regañarlo.

Abriendo puertas.

Esto no es más que hacerle una invitación al niño a que nos diga más, con lo que le damos a entender que realmente lo estamos escuchando y, por lo tanto,  dándole importancia y respeto.

Escuchar con atención.

Si es posible, suspenda un momento lo que está llevando a cabo en ese momento para escuchar lo que su hijo tiene que decir. Si realmente está muy ocupado, dígale que lo hablaran más tarde (y en verdad hágalo), pero nunca finja que lo está escuchando.

“Mensajes tú”.

Con estos mensajes pueden describir los sentimientos del niño y darle la pauta de que los exprese más abiertamente:
“tú estas molesto porque perdieron el partido”
“Tú estas triste porque la abuela no vino a casa”
Cuando los niños pueden expresar libremente sus sentimientos negativos, éstos parecen desaparecer de inmediato.

Diga “haz”.

Esto significa que traten de decirles  “que hacer” en lugar de  decirles “que no hacer”. Por ejemplo, “Guarda tu suéter” en lugar de “¡No arrastres el suéter!”; “Cierra con cuidado la puerta” en vez de “¡No azotes la puerta!”.

Hable “con ellos” en lugar de hablarles “a ellos”.

Hablar “con” implica que escucharemos también lo que el niño tiene que decir, de otra forma, hablar “a” resultaría una conversación unilateral como cuando le dan alguna instrucción para que él la siga y ya.

Usando “mensajes yo”. 

Estos no son más que declaraciones de hecho acerca de  la persona que habla. A través de ellos se puede transmitir al niño creencias y sentimientos, es decir, le dicen al niño como se siente el que habla a causa de su conducta, y  le dan la pauta para responsabilizarse  de sus acciones y de hacer algo al respecto. Por ejemplo,  en lugar de decir al niño algo como “mira que desorden hiciste”, expresar algo como “en este momento necesito ayuda para recoger esto”. Sin embargo, no es recomendable usar  “mensajes yo”  para expresar enojo.

Asegúrense de que los están escuchando. 

A veces los niños se concentran mucho en sus juegos y actividades, por lo que, antes de empezar a hablarle, llámeles por su nombre y una vez que tenga la atención de los niños comience a hablarles.

Denles instrucciones sencillas y claras. 

Especialmente a los más pequeños pues se les dificulta recordar toda una serie de ordenes.

Usen un tono de voz adecuado. 

El tono de voz debe estar acorde con el mensaje que van a transmitirle a los niños, especialmente si se trata de cosas importantes. Hablen con firmeza y denle a los niños la razón de lo que están pidiéndole, por ejemplo, “Ponte el suéter, así estaremos listos para salir”

Háblenles a los ojos. 

La comunicación mejora si hay contacto visual, por lo que será necesario que se inclinen para estar al nivel de los ojos del niño. ¿Se han puesto a pensar cómo los miran sus hijos? Ellos tienen que echar la cabeza atrás para poder mirarlos a los ojos, lo que les resulta incomodo. 

Hablen con cortesía. 

Es el primer paso para que un niño aprenda a ser cortés.

Hablen con gentileza.

Con palabras amables obtendrán resultados muy positivos: los niños se comportan mejor, y tratan de poner más empeño en lo que hacen. Además, las palabras amables comunican amor y respeto. 



jueves, 30 de agosto de 2012

Fomentando la autoestima en los niños.




  ¿Qué es la autoestima?


Es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos física, mental y espiritualmente y que forma nuestra personalidad.

Cuando tenemos una buena autoestima nos consideramos valiosos y competentes y no nos sentimos vulnerables cuando necesitamos ayuda.
A partir de los cinco años los niños comienzan a formarse un concepto de cómo los ven sus mayores (padres, maestros, etc.) y sus pares (compañeros y amigos) y por lo tanto su desarrollo está vinculado, entre otras cosas, a los valores sociales; mientras más significativa sea para él una persona, mayor valor tendrá su opinión y mayor será la influencia en la percepción que se va formando de sí mismo.


En la conformación de la autoestima influyen factores de diversos tipos, tales como los personales (la imagen corporal, las habilidades físicas e intelectuales), las personas significativas como los padres, hermanos, profesores o los amigos, y los factores sociales como los valores, la cultura, las creencias, etc. Por ejemplo, si la honestidad, la buena apariencia física y las habilidades para los deportes son bien admitidos en un grupo y el niño los posee, entonces se le facilitará una buena autoestima, aunque también es importante para él la crítica y la consideración que reciba de los adultos, sobre todo de los más cercanos a ellos.

Los padres deben estar atentos a ciertos comportamientos para saber de que manera apoyar a sus hijos.

Indicadores de una adecuada autoestima.

  • Acepta  con facilidad y se enfrenta a nuevos retos, aprendizajes y actividades.
  • Se responsabiliza de sus propios actos.
  • Confía en sí mismo y en sus capacidades.
  • Muestra una actitud cooperadora.
  • Tiene una buena autocrítica y aprende de sus errores.


Indicadores de una baja autoestima.

  • Evade tareas o actividades, ya sean físicas, intelectuales o sociales, por miedo a fracasar.
  • Miente con frecuencia y  culpa a otros.
  • No confía en sí mismo y, por lo tanto, cree que no tiene control de las situaciones que se le presentan.
  • Puede ser agresivo o excesivamente tímido.
  • Tiene baja tolerancia a la frustración.



Lo que los padres pueden hacer para fomentar la autoestima en sus hijos.


Elogie a sus niños. Hágalo de forma específica y con sinceridad, ya que de otra forma, los elogios tendrán un efecto negativo. Concéntrense en los aspectos positivos que tengan los niños más que en los negativos. Las críticas severas y el rechazo disminuyen la autoestima.

Trate a sus hijos con respeto. Los niños merecen el mismo respeto que sus padres exigen de ellos. Poner cuidado en lo que le dicen a sus hijos y en cómo lo dicen es muy importante, por ejemplo, pedir las cosas con un “por favor” y recibirlas con un “gracias”, de la misma forma que ustedes esperan que sus hijos lo hagan. 

No exija perfección. Para los niños es importante saber que sus padres los aman y aceptan tal y como son, esto les ayuda a sentirse seguros de si mismos y a desarrollar una imagen positiva. Recuerde, nadie es perfecto.

Escuche a sus hijos. Hágalos sentir que sus preguntas y opiniones también son importantes. Escuchen y respondan a sus peguntas lo más claramente posible, así mismo, reconozcan cuando no sepan la respuesta, averígüenla juntos.

Favorezcan que sus hijos tomen decisiones por sí mismos. La toma de decisiones es una habilidad muy importante que debemos poseer desde pequeños. Cuando el niños toma una decisión, es importante que los padres le exijan que la haga cumplir y que se enfrente a las consecuencias de ésta.
Algunos juegos ayudan a que los niños adquieran esta habilidad, como por ejemplo los juegos donde el niños tiene que hacer una estrategia para lograr su objetivo.

Denles responsabilidades. Las responsabilidades hacen saber a los niños que sus padres confían en ellos y en sus capacidades, además de que los hace madurar.

Fomente sus intereses y habilidades. Permitan que participen en actividades que además de divertidas sean de su interés y en las que puedan sobresalir. 

Evite la sobreprotección
Cero sobreprotección. Es cierto que ningún padre  desea ver a sus hijos fracasar, pero es muy importante que los niños aprendan  que todos fracasamos en más de una ocasión. Sobreprotegerlos, solucionarles sus problemas y quitarles todas las piedras del camino, lejos de ayudarlos, los hará inseguros, intolerantes a la frustración y dependientes de otros.

Eviten actitudes de culpabilidad.  De nada sirve inculpar a alguien por algo que ya está hecho. Es suficiente con señalarle el error y animarlo a que no lo vuelva a cometer.

No los corrijan enfrente de los demás.

No les exijan cosas que aun no es capaz de hacer. Es importante tener en cuenta la edad  del niño y el nivel de desarrollo de sus capacidades.

Encáucelos cuando se enfrente a algún obstáculo. Sólo proporcione información verbal, de esta manera evitará caer en la sobreprotección.

Motívenlos a actuar por su cuenta y a aceptar los riesgos que esto conlleva. Los niños deben aprender que los fracasos, si bien  no son positivos, tampoco son una tragedia. Lo mejor será analizar el fracaso para corregirlo en el futuro.





viernes, 24 de agosto de 2012

Rutinas y hábitos ¿Por qué son tan importantes?

El orden, las rutinas y los buenos hábitos deben ser enseñados desde los primeros años de la infancia, ya que de esta manera los niños organizan su conducta, anticipan lo que vendrá y se preparan para ello.
Para que los niños aprendan hábitos y rutinas es muy importante tener en cuenta el orden y la secuencia de las acciones que los padres desean que sus hijos aprendan.
En este sentido, cabe señalar que el orden de los factores sí altera el producto, ya que si no hay un orden, una misma secuencia en la rutina, el aprendizaje del niño se verá afectado. Aunque se puede ser un poco flexible en cuanto a los horarios (los cuales pueden variar un poco de acuerdo a las actividades de cada día), la secuencia de la rutina se debe mantener siempre igual, ya que de otra manera el niño puede sentirse confundido e inseguro.

 ¿Cómo aprenden los niños pequeños?

Los niños en sus primeros cinco años aprenden de manera casi involuntaria y subliminal; para cada estímulo que se les presente habrá una respuesta. Y en el caso de las rutinas es igual,  por ejemplo, cuando el niño ve que preparamos la mesa y lo mandamos a que se lave las manos, él sabe que ya es hora de la comida; si después del baño le ponemos la pijama, le estamos dando la pauta de que se prepare para dormir. Los niños aprenden esto de manera rápida ya que asocian una serie de estímulos con una respuesta, y seguir la misma secuencia le permite no solo aprender la rutina, sino  que también le permite controlar el lugar y el tiempo.


Si los padres son desorganizados y no siguen siempre el mismo orden en las rutinas, los niños se sentirán desorientados y no sabrán cuando prepararse para lo que se espera de ellos, por ejemplo, si  un día le ponemos la pijama y lo mandamos a dormir, pero al siguiente después de ponerle la pijama dejamos que el niño haga cualquier actividad que desee por un buen rato antes de mandarlos a la cama, la conducta del niño se desorganizará y con seguridad los padres se quejaran después de que tienen un hijo "desobediente".

¿Por qué se hace tanto énfasis en la adquisición de rutinas a temprana edad?


La razón es que, entre los tres y cinco años de edad, la capacidad de memoria juega un papel muy importante en el aprendizaje, pues es en éste periodo que la memoria es mucho más elevada y favorece que el niño aprenda, memorice y automatice hábitos de higiene y de estudio además de pautas de conducta, con mucha más facilidad; así, si los hábitos y rutinas están adecuadamente establecidos en los primeros cinco años de vida, el niño, cuando esté en edad escolar, podrá  ocupar su capacidad de memoria en la adquisición  de otros aprendizajes de mayor trascendencia.


La importancia del sueño.
Si tenemos presente que las emociones tienen un sustento hormonal, veremos que la sincronización hormonal repercute en el desarrollo psicológico. Un niño que tiene una adecuada estabilidad hormonal tendrá, por lo tanto, una adecuada estabilidad emocional y psicológica.
Para conseguir ésta sincronización hormonal que, a su vez, favorecerá  un buen ritmo emocional, es fundamental que el niño tenga periodos adecuados y estables de vigilia y sueño, ya que el sueño regula la sincronización  hormonal. 

Durante la primera fase de sueño (las tres primeras horas a partir de que llega la noche) aumentan las secreciones hormonales importantes, como el cortisol, la hormona del crecimiento, la melatonina, el potasio, el magnesio, entre otras. Si esta situación se ve afectada porque el niño no duerme a su hora ni las horas correctas, habrá una desincronización que afectará su estado emocional y los biorritmos psicológicos; en consecuencia, el niño  puede estar distraído, intolerante y es posible que  presente de forma alternada momentos de calma con otros de irritabilidad, por ejemplo, ante situaciones cotidianas que normalmente tomaría con calma y naturalidad,  puede reaccionar de forma alterada.

Mientras más temprano se le enseñen al niño los hábitos de orden, alimentación, higiene y sueño, más fácilmente el  niño logrará una relación consigo mismo, se adaptará  a su mundo habitual e integrará la realidad que lo rodea. 
Recuerden que los niños se adaptan con más facilidad al orden que al desorden, pues el orden les ofrece una seguridad emocional.

A medida que crecen, se deben ir ampliando sus pequeñas responsabilidades diarias, con lo que conseguiremos que se hagan más responsables e independientes: sus tareas domesticas, las tareas escolares, que aprenda a tener listo el material que va a necesitar en la escuela al día siguiente, acordarse de comunicar a sus padres los recados del profesor, etc.

El orden es la base para el sano desarrollo emocional e intelectual de los niños y si hay una adecuada estructura familiar, constancia y disciplina, los resultados serán muy positivos.





viernes, 17 de agosto de 2012

Hablando con los niños acerca de sexualidad.






No hay una edad para hablarles a los niños acerca de sexualidad, pero es recomendable hacerlo desde sus primeros años de infancia; aunque, de hecho más tarde o más temprano, sus hijos empezarán a hacer preguntas sobre sexo. 
Este tema preocupa mucho a los padres de familia y no existe una receta “mágica” para hablarles a los hijos de sexualidad ya que cada caso es distinto y cada niño hará diferentes preguntas. Lo importante es que los padres mantengan una actitud positiva ante sus hijos, mantenerse firmes, jamás inventar o mentir, no evadir la pregunta y no contestar más de lo que su hijo pregunte. Lo ideal es hablarle del tema poco a poco, es decir, en la medida en que vaya manifestando su curiosidad. Para averiguar qué grado de información tiene y cuál es el que necesita, empiecen por hacerle ustedes las preguntas (¿por qué quieres saber?, ¿Dónde escuchaste eso?, etc.) y en función de sus respuestas, te darás cuenta de lo que sabe y de lo que debes contarle para satisfacer su curiosidad.

Pueden empezar a hablar de sexualidad con su hijo desde el momento en que él comience a conocer su cuerpo y a nombrarlo, pero es muy importante que cada parte de su cuerpo tenga un nombre y no un "apodo". Si se habla de cabeza es cabeza, de mano es mano, de pene es pene, y así siempre con la finalidad de que el niño no se sienta confundido. 

De hecho, los niños comienzan a recibir los primeros mensajes de sus padres sobre sexualidad desde el momento en que nacen. Los niños aprenden a pensar y a sentir acerca de su cuerpo y su comportamiento sexual a partir de aquello que nosotros los adultos hacemos y decimos: por la manera en que los sostenemos, en que les hablamos, en que los vestimos, lo que les enseñamos (a las niñas se les enseña a ser coquetas, a ser más dóciles y cariñosas, por el contrario,  a los niños se les permite ser más rudos, "los niños no lloran ni juegan con muñecas", etc. ), las palabras para hablar sobre sus partes del cuerpo, la manera en que les transmitimos la información sobre su comportamiento y la manera en que nos comportamos delante de ellos. 


¿Cuál es el momento adecuado? 


No es necesario sentarse con el niño y “ponerlo al tanto de todo” en ese momento, si prestamos atención, podemos encontrar momentos cotidianos en nuestras vidas que pueden servir para iniciar conversaciones sobre estos temas, por ejemplo, en nuestro programa de televisión favorito puede presentar a un personaje que esté atravesando la pubertad, nuestra vecina o amiga puede estar embarazada. Esto es lo que podemos llamar “momentos útiles para la enseñanza”. 
Dediquen un tiempo a tratar de reconocer estos momentos útiles para la enseñanza que les proporcionan oportunidades para hablar de sexo y sexualidad con su hijo y piensen sobre sus propias opiniones y valores respecto de estos temas y de qué manera pueden expresarlos con claridad para que su hijo los comprenda. 
Llegado el momento, no permitan que el miedo y la inseguridad se interpongan en el camino. Traten de ser abiertos y accesibles para tratar estos temas, aunque esto puede ser todo un desafío, pero si nuestros hijos nos preguntan sobre algo que no sepamos simplemente podemos responder: “No lo sé, pero ¿por qué no lo averiguamos  juntos?”. 


Los niños tienen diferentes dudas sobre el sexo según la edad que tengan y se debe tener en cuenta, también, que su capacidad para comprender los conceptos es distinta, al igual que su atención y concentración. 
Si su hijo de cinco años le pregunta: “¿Qué significa dar a luz?”, es posible que su respuesta sea: “Cuando un bebé nace”. Si su hijo de 10 años le hace la misma pregunta, su repuesta será más detallada y probablemente comience diciendo: “Después de que un bebé crece durante nueve meses en el útero de la mujer…”.  

Es importante, también, hablar con ellos sobre nuestras creencias y valores y porqué las seguimos. Tómense su tiempo para comprender sus propios valores, sentimientos y creencias, pero nunca pretendan que sus valores son hechos reales, por ejemplo, decir “No se puede confiar en los chicos en una cita” no es un hecho real sino un juicio de valor. Esto es algo que como padres deben considerar y no contradecirse, ya que  muchos adolescentes se ven afectados por los valores de sus padres, por ejemplo, cuando los padres comparten sentimientos positivos sobre los métodos anticonceptivos, los adolescentes están más predispuestos a ser cuidadosos al iniciar su vida sexual. 

Ventajas de una adecuada educación sexual. 


  • Comprender la sexualidad ayuda a los niños a enfrentar sus sentimientos. 
  • Los ayuda a asumir el control de sus vidas y a tener relaciones afectuosas positivas. 
  • También los ayuda a protegerse contra el abuso sexual, y evita que se conviertan en abusadores sexuales. 
  • Otra ventaja de charlar con los hijos sobre sexo es aumentar la intimidad y la afectividad entre padres e hijos,  ya que esto abre caminos para que se pueda discutir en casa sobre cualquier cosa y da al niño la seguridad de que puede confiar en sus padres y ellos en él.

 En el caso de los jóvenes, estos son menos propensos a correr riesgos sexuales si tienen:

  • Una visión positiva sobre la sexualidad. 
  • Información necesaria para cuidar su salud sexual. 
  • Claridad acerca de sus propios valores y comprensión de los valores de sus familias. Autoestima y confianza en sí mismos. 
  • Habilidades en el trato con otras personas, como seguridad en sí mismos y capacidad para tomar decisiones. 
  • Una percepción de que sus acciones tienen consecuencias. 


Recuerde que sus hijos aprenden a través de la observación, de manera que la forma en que ustedes se expresan por medio de sus gestos es tan importante como lo que dice. Por ejemplo, mostrar cariño con un abrazo o un beso les demuestra que usted es una persona abierta y que valora la estrecha relación que comparten. 

lunes, 6 de agosto de 2012

De regreso a la escuela...sin temor





Al principio de un ciclo escolar muchos niños se muestran nerviosos y ansiosos de saber que ya deben ir a clases, e incluso algunos hasta se sienten enfermos la noche anterior. 
Esto se debe en parte a cierto miedo a lo desconocido, empezando por como será la  nueva maestra o maestro, los nuevos compañeros y los nuevos aprendizajes. 


Para minimizar estos temores se recomienda visitar antes la escuela y, de ser posible, conocer al nuevo maestro. Algunas escuelas realizan jornadas de presentación previo al inicio del ciclo escolar para que tanto los padres como los niños conozcan el plantel y el uso de las instalaciones.

También puede recordarle al pequeño la emoción de reencontrarse con sus amigos, de conocer nuevos compañeros y de todas las cosas nuevas que podrá aprender y hacer.


Con respecto a los más pequeños, se debe tener presente que para ellos  separarse de sus padres es un proceso que requiere tiempo, por lo que necesitarán de toda la paciencia, comprensión y confianza de sus padres.



domingo, 8 de julio de 2012

Inteligencia emocional.


La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer los propios sentimientos y de motivarse a sí mismo,  así como la habilidad para  manejar las emociones propias y las que surgen en las relaciones. Esto es, ser lo suficientemente capaces para percibir y expresar emociones con precisión, de tal forma que podamos tener acceso a ellas cuando nos sean productivas para el pensamiento. Es la habilidad para entender la naturaleza de esas emociones  y tener la capacidad de regularlas; todo esto con la finalidad de promover el crecimiento tanto emocional como intelectual. 
Así pues, los componentes de la inteligencia emocional son:

Autoconocimiento emocional. Es la capacidad de conocer los propios estados emocionales. nos proporciona seguridad en nuestro desempeño y nos permite acceder a las opciones para poder reaccionar frente a la emoción.

Autocontrol.  Es la habilidad para manejar y controlar los propios estados emocionales con le fin de asumir la responsabilidad de nuestras acciones y reacciones.
Motivación. Es esa energía que nos impulsa lograr un determinado propósito y que surge de una necesidad.



Habilidades sociales. Son las capacidades que nos permiten realizar un mejor manejo y vivencia de nuestras relaciones:


  • Empatía: Es la base principal de las habilidades sociales y el punto de partida para el desarrollo de éstas, ya que es la habilidad para tener conciencia de los sentimientos necesidades y preocupaciones de los demás para poder responder a estos de forma adecuada, dicho de otra  manera es "ponerse en los zapatos del otro".
 


  • Comunicación: Dar y recibir información implica escuchar de forma activa y abierta. La comunicación se basa en factores tales como el lenguaje corporal. 



  • Construcción de relaciones interpersonales funcionales: Es la capacidad de crear relaciones interpersonales que favorezcan el  crecimiento personal y emocional de cada uno de sus integrantes. 
  •  Convivencia: No es otra cosa más que la capacidad para vivir en comunidad. 

  •  Liderazgo: Habilidad para congregar, inspirar y orientar a personas y grupos para lograr objetivos comunes.

Tener inteligencia emocional no quiere decir que debemos estar siempre de acuerdo con todos, al contrario, debemos ser capaces de confrontar a los demás en ciertas ocasiones. La inteligencia emocional no está predeterminada genéticamente, ni está condicionada por factores de género, ni es sinónimo de sensibilidad sino de autocontrol, autoestima elevada y conocimiento de sí mismo.
Inteligencia emocional no implica que conozcamos las emociones para dar rienda suelta a las mismas, sino que tomemos conciencia d los sentimientos y emociones para lograr una adecuada expresión y ponerla al servicio de lograr nuestros objetivos y los del entorno en el que nos desenvolvemos.


¿Cómo enseñar empatía a los niños?

La empatía comienza a desarrollarse a temprana edad. Por ejemplo, un bebé es capaz de llorar si ve a otro llorando y percibe las emociones de sus padres aun cuando no puedan expresarse verbalmente.
Para lograr que los niños aprendan la empatía como habilidad social, debe haber un adecuado entendimiento de las señales del bebé, como son los diferentes  tipos de llanto, demostraciones de  incomodidad, felicidad, frustración, etc., ya que si el niño se cría sintiéndose entendido, desarrollará su capacidad para comprender a los demás y generar así lazos de empatía.


Otras oportunidades de enseñar empatía puede ser el análisis de un conflicto, el problema de un amigo, una pelea, un programa de televisión, un cuento o fábula, y en sí todo lo que haga reflexionar al niño acerca de como se sintió el otro frente a tal situación; para lo cual se le pueden formular preguntas tales  como:
¿Cómo me sentiría yo si me sucediera lo mismo?
¿Me gustaría que a mi me hicieran lo mismo que yo le estoy haciendo al otro?
¿Qué me gustaría que el otro hiciera por mi si yo estuviera en su situación?

Reflexionen sobre las reacciones emocionales de sus hijos, traten de entenderlos y de actuar adecuadamente.
Corrijan al niño cuando haga comentarios o actúen sin tomar en cuenta los sentimientos de los demás frente aciertas situaciones, incluso, pueden invitarlos a cambiar de lugar y ponerse en la situación del otro.
 Recuerden que cuando hay empatía se mantiene relaciones más profundas con los demás y hay una comunicación más efectiva.


 


viernes, 6 de julio de 2012

Niños ¿qué hacer este verano?

Hoy oficialmente terminó el ciclo escolar, y a la mayoría de los padres les preocupa que harán sus hijos en el verano.

Algunos los inscribirán en cursos de verano, otros los mandarán a algún campamento; pero esto solo será por unos días ¿y el resto de las vacaciones?

Es importante que tengan en cuenta que, a pesar de estar de vacaciones, los niños requieren de rutinas y horarios que les permitan organizar su conducta, de este modo sabrán anticipar y prepararse para lo que se espera de ellos.
Recuerden que mientras menos orden y estructura tiene un niño, más inquieto y ansioso estará buscando que hacer con tanto tiempo libre y lo más seguro es que esté aburrido antes de que las vacaciones terminen.
He aquí algunas sugerencias:

1. Mantengan sus rutinas (en la medida de lo posible) tales como horarios de comida, la hora de dormir, el baño.

2. Asignen a los niños tareas domesticas (de acuerdo a su edad y habilidades), claro, con sus respectivos horarios para ello.

3. Implementen algunas actividades (que sean de su agrado) por día, por ejem., lunes de dibujo o pintura, martes de parque o alguna actividad al aire libre, miércoles de cocina, jueves de cuentos, viernes de películas (en casa o cine), etc. Esto favorecerá el orden en los niños. Desempolven los juegos de mesa y diviértanse en familia.


4. Salgan a caminar por las mañanas y aprovechen para charlar con ellos.




5. Enséñenles los juegos y actividades que ustedes practicaban de niños ¿recuerdan?: "el avión", "el resorte", saltar la cuerda, "la mata-tena", el juego de "basta", etc., son juegos cada vez más olvidados, pero que favorecen su coordinación motriz y agilidad mental. Pueden enseñar un juego por día.


6. Hay a la venta revistas de juegos y pasatiempos que pueden entretenerlos un buen rato: sopas de letras, figuras escondidas, buscar diferencias, colorear por números, unir puntos, etc. También pueden buscar estas actividades en internet. 

7. En el sitio www.ixl.com encontrarán juegos y actividades clasificadas por grado escolar: razonamiento lógico, seriación, matemáticas, etc.
8. Para los más peques (2 a 4 años) esta el sitio www.kneebouncers.com que cada semana "libera" 5 juegos diferentes.

Es muy importante que al final del día hagan una actividad menos dinámica e intelectual y mucho más relajante, para ir bajando poco a poco la "pila" de los niños y se vayan a la cama más tranquilos.



 ¡Felices vacaciones!

 
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